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¿Queréis escribir la mejor novela que se haya escrito jamás? ¿Soñáis con ser un bestseller internacional? ¿Os gustaría saber lo que hay que hacer para convertiros, de la noche a la mañana, en el escritor del momento? Si tu respuesta es sí a todo lo anterior, sigue leyendo…

Bien, comencemos por el principio. ¿Por qué? Y es que yo me detengo muchas veces a pensar en el porqué de las cosas, sí. Primero, ¿por qué quieres ser escritor? ¿Porque te gustaría ser famoso o porque te gustaría escribir la historia que te ronda por la cabeza desde hace tiempo? Si tu respuesta es que quieres alcanzar la fama, déjalo. Esto no va así. O, al menos, no debería ir de esa forma; llamadme idealista o loca. Sí, mucha gente está en el mundo de la cultura para llegar a ser famosa y hacen lo imposible por lograrlo. Pero eso no les convierte en alguien del mundo cultural, solamente en una persona que utiliza este mundo para llegar a la fama, como podrían utilizar cualquier otra cosa si eso les dejara alcanzar esa meta con relativa facilidad. Pero si realmente quieres escribir porque disfrutas haciendo tus pinitos, porque quieres contar una historia, porque te apasiona crear mundos… Ahí ya estamos hablando de otra cosa.

Si eres de los segundos, avanza de nivel y sigue leyendo.

Hay mucha gente que tiene cientos de ideas en la cabeza y le gustaría poderlas plasmar en negro sobre blanco. Tienen (o tenemos) esa ilusión constante de contar las cosas a nuestra manera, de vivir otros mundos, historias fantásticas con las que nos encontramos felices mientras las revivimos en nuestra mente. Y eso lo sabe mucha gente. También los del grupo del que hablábamos antes, de los que quieren alcanzar la fama, sea como sea, y utilizan el mundo de la cultura para ello como podrían utilizar cualquiera que vieran sencillo para conseguirlo. Quiero puntualizar antes de nada que no todos son iguales y que hay quien peca de inocente (o de ególatra sin maldad) pero es cierto que los hay que actúan a sabiendas de lo que hacen. Y los primeros se aprovechan de los segundos.

Hablo de los libros de consejos para escribir una historia, de los talleres en los que acaban incluso publicándote tu relato los encargados de realizar precisamente el curso (casualidad…) o tantos y tantos que te dicen exactamente lo que hay que hacer para alcanzar esa meta soñada por ti: escribir por fin tu libro.

Sí, pueden ser libros y talleres  más o menos entretenidos. Pueden servirte para darte un empujón a la hora de escribir. De cien tips, dos pueden resultarte útiles. Pero no nos engañemos: la mayoría de cosas que se dicen no sirven para que puedas escribir una novela. En el mejor de los casos, es lo que a esa persona le ha servido para escribir la suya. Pero hablamos de algo muy complicado y subjetivo como la creación de una historia llevada al papel. ¿De verdad creéis que algo subjetivo tiene unas pautas objetivas para llevarlo a cabo? Por si acaso hay dudas, la respuesta es un rotundo no. A veces escucho a alguien contar lo que le funciona a la hora de escribir y lo primero que pienso es que a mí, si hiciera eso, se me quitarían incluso las ganas de escribir. Pero igual le pasa a otra persona si le cuento cómo hago yo para escribir historias. Cada persona es un mundo y cada creación de esos mundos es única. No todo vale para todos. De ahí que la escritura sea algo tan subjetivo. Puedes escuchar a alguien contar lo que a ellos les sirve y puedes tener la suerte de que algo de eso te pueda servir también a ti pero no es que, por hacer lo mismo que ellos hacen, tú vayas a escribir igual que escriben ellos. Ni mucho menos.

Sería maravilloso que se pudiera aprender a crear historias. Lo digo de verdad. Yo misma me apuntaría a cualquier clase que enseñara realmente a ello. Leería mil libros en ese caso. No digo que no sirvan de nada. No es mi intención convenceros para que nadie más a partir de ahora lea un libro sobre ese tema o no asista a ningún taller más. No. Lo que intento explicar es que ese tipo de libros y talleres nos pueden dar ejercicios para practicar, pueden hacer hincapié en nuestra ortografía, en nuestra forma de expresarnos, nos pueden informar sobre la importancia de una buena psicología de los personajes o de lo importante que es equilibrar en todo momento el suspense durante la narración para que el lector no sienta que lee relleno la mayor parte del tiempo. Puede plantearte hacer fichas (con unas lindas ilustraciones que te adjuntan incluso en el libro en cuestión o te facilitan durante las jornadas del taller) para ir apuntando datos de la trama o las características de tus personajes, pueden decirte incluso lo que podrías corregir para ir acercándote a tu meta. Pero no, por mucho que parezca que estás “aprendiendo”, esto no significa que te estén enseñando a crear una historia. Estás practicando, eso sí. Practicando de forma más o menos entretenida. Pero no hay una fórmula mágica para plasmar en papel la idea que tienes en tu cabeza. Además, piensa una cosa: si todos los que leéis ese libro o asistís a ese taller, escribierais un libro siguiendo las mismas pautas, ¿no crees que la forma de hacerlo sería muy similar? ¿Qué tendría de original entonces tu prosa con respecto al resto? Cada historia se escribe de una forma diferente y puede que incluso lo que te ha servido para escribir algo en un momento, no te sirva para escribir otro libro. Es todo un misterio.

Repito: no quiero criminalizar los talleres ni los libros sobre este tema. Los hay interesantes e incluso divertidos. A lo que voy es que es una pena que haya quien venda estas cosas como la fórmula mágica definitiva para poder escribir tú también tu propio libro. Eso es vender humo y encima quedarte con las ganancias. Hay que aprender a diferenciar quién trata de echarnos una mano a la hora de escribir nuestra historia y quién simplemente juega con nuestras ilusiones porque quiere un dinero extra.

Sin necesidad de pagar nada, puedo ir yo misma poniendo ejercicios y plantillas en esta web para que todos puedan practicar. A veces me piden consejo, me pasan algo que han escrito y me dicen que les dé mi opinión. No soy de decir “¡me ha encantado!” o “me parece aburrido” sin más. Siempre intento explicar cómo se podría mejorar algo; por dónde, como lectora, me gustaría que tirara la historia, cómo matizar algún aspecto… Eso no suele gustar a quien pide opinión, lo sé. A mí también me gustaría que, en cuanto alguien leyera uno de mis borradores, me dijera: “es la obra del siglo, ni se te ocurra modificar ni una coma” pero siempre, siempre, siempre hay cosas que se pueden mejorar. Mis opiniones son dadas con cariño, empatía y asertividad, pero si alguien me pide opinión, siento que debo darla. ¿Escribiría un libro con esas opiniones? Claro que no, son personalizadas. Porque cada uno debería buscar su propia voz, su propia forma de contar las cosas. Tampoco serviría de mucho que os dijera que tenéis que confiar en vuestra valía y que siguierais intentándolo. Puedo, sobre una base de un texto escrito por vosotros, deciros lo que creo que puede mejorarse. Y eso siempre bajo mi punto de vista como lectora, ojo. Puedo deciros algo pero vosotros optar por dejarlo como está e intentarlo de esa forma y conseguir un éxito absoluto con vuestro escrito. ¿Por qué? Porque, repito, la escritura es subjetiva. Es por eso por lo que no suele gustarme responder a preguntas del tipo “recomendaciones que quieras hacerles en general a los que quieren escribir un libro”, no es porque me esté guardando el ansiado secreto sólo para mí.

Nadie sabe lo que va a funcionar, ni cuándo, ni con quién. Por eso lo importante es escribir lo que nos sale en cada momento, lo que nos apetece y como nos apetece. Porque ni yo ni nadie tiene una fórmula mágica y es cada uno el que debe decidir cómo quiere escribir algo. Sí os puedo decir que practiquéis, que escribáis mucho y leáis más, que intentéis mejorar la ortografía, que releáis de vez en cuando lo que escribís… Pero sobre todo, que os lo paséis bien haciéndolo y ya habrá tiempo de ir puliendo la historia. Si os da pereza la fase de corrección, si hay una parte que no tenéis ganas de escribir, si creéis que tenéis que escribir por obligación equis tiempo al día… No seré yo quien os diga que ahí algo está fallando, pero la cultura hay que disfrutarla. Sí, a veces puede parecer dura y que hay que “trabajarla” para que todo salga bien, es cierto. Pero si no se disfruta es que algo no está yendo bien del todo. 

No, no hay fórmulas mágicas aunque nos atraigan ciertos títulos como el de este artículo. Simplemente quédate pensando un día con tranquilidad qué quieres escribir, por qué y cómo te gustaría hacerlo. Claro que puedes tener que elegir entre hacerlo en primera o tercera persona, incluir un punto de vista o varios, escribir el texto en presente o pasado… Pero la única recomendación que yo haría sería la siguiente: coge un boli y un papel o, en su defecto, ponte frente a la pantalla del procesador de textos que suelas utilizar. Posa los dedos sobre las teclas o garabatea algo con el bolígrafo. Escribe aunque sea algo como “no tengo ni idea de cómo empezar esta historia aunque lo que tengo que contar es…”. Haz como si estás hablando contigo mismo, como si fuera un diario o como si se lo estás contando a un amigo. Si quieres, solamente grábalo en un audio con el móvil y luego haz la transcripción. Porque a veces así también es como empiezan a escribirse las grandes historias: sin pretensiones, sin reflexionar sobre la trama, sin organizar cuántos capítulos vas a escribir y lo que va a suceder en cada uno de ellos. A veces las historias salen solas. A veces necesitamos simplemente divertirnos al hacer algo para que salga realmente bien aunque el resto nos diga que no sigue las reglas planteadas en el último libro publicado al respecto. Pero lo mismo que os digo esto, podría deciros que antes de escribir nada, organizarais toda la historia, cada traba y subtrama, cada personaje, cada dato que vais a incluir, cada lugar, cada fecha… Son solamente formas de lanzarse a la piscina y a cada cual le funcionan unas diferentes en cada momento. Pero volvemos al principio del artículo: escribimos para divertirnos, ¿no es así? Entonces, ¿qué importa lo demás? Si disfrutamos escribiendo algo, eso lo nota quien lo lee después. Y repito una vez más: no hay fórmulas mágicas. ¿Quién sabe si tú puedes dar con ella sin tan siquiera saberlo? Disfruta haciendo lo que haces y no te preocupes si no sigues las normas del resto

Y es que, a lo mejor, ahí es donde está esa buscada magia.

 

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